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ACCIDENTES Y ALGO MÁS...

¿Quién no ha tenido un accidente en su vida, se ha cortado un dedo, se le ha caido un plato, se ha tropezado y caido aparatosamente? Creo que todo el mundo. Los accidentes pasan, como dicen; pero ¿qué hay cuando tú no eres el responsable del accidente, sino un tercero? Pues eso es precisamente lo que me pasó.

Y aquí viene una pregunta capciosa, ¿a quién se le ha venido un carro encima y ha vivido para contarlo? Pues aunque suene a Hancock, no creo que mucha gente pueda alzar la mano y decir "yo".

 

LOS BORRACHOS Y LOS AUTOS

Supongo a nadie se le pasa por la cabeza, cuando sale a la calle que va a tener un accidente, sino nadie saldría de sus casas. Cuando uno lee las noticias de muertes por accidentes de tránsito, lo primero que imagina es que el peatón cruzó por donde no debía o estaba en el paradero y un loco microbusero o conductor de combi por estar haciendo carrera perdió el control y zas.
Lo cierto es que hay un tercer caso, y es de los más peligrosos: los borrachos.

Cuantas veces no hemos escuchado el mensaje: Si estás ebrio, no manejes. Pero ¿hacen caso? NO! La gente es irresponsable y cree que nunca va a tener un accidente o, mejor dicho, nunca va a causar uno. El borracho, en su ebriedad, no es responsable, cree que es mejor que todos y tiene la razón en todo, ¿Por qué no va a poder manejar si sólo se tomó un par de copitas? ¿Por qué va a perder el derecho de manejar su carro, sólo porque pasó un buen rato con sus amigos? ¿Por qué pagar un taxi si aún puede manejar?

Es por eso que ocurren accidentes, porque estos "irresponsables" no piensan en los demás, no se les ocurre pensar en "y si..."; no, nada de eso. Es una desgracia, pero es cierto, actualmente nadie piensa en el projimo ni en lo que puedan ocasionar si hacen algo indebido.

 

LA MENTALIDAD DEL PEATÓN

¿Cuando caminas por la calle te sientes seguro? Supongo que ésta es una pregunta un tanto complicada, porque si te pones a pensar, te pueden pasar infinidad de cosas; pero no seamos pesimistas. Cuando uno va por la calle, sólo piensa en lo que va a hacer, si llegar temprano al trabajo, pensar en lo que va a comprar en el supermercado, o la ropa que elegirá en el mall, etc.

Es probable, que este tipo de ensimismamiento tambien nos haga un tanto irresponsables porque no prestamos la suficiente atención a lo que nos rodea; pero vamos, ¿qué nos puede pasar si vamos "aquisito nomás"? Nada, ¿verdad?

En teoría, sin ánimo de ser pesimista, esa es la verdad, ¿por qué tendría que pasarnos algo? A gente como nosotros no nos pasan esas cosas que leemos en los periódicos, no, nosotros somos inmunes a eso, tenemos una especie de escucdo invisible que nos protege, no somos tan "piñas".

Pero, la verdad es otra, cuando las cosas tienen que pasar, pasan.

 

ATROPELLOS

Y lo recuerdo como si fuera ayer, ¿no empiezan así todos los cuentos de cosas serias que nos pasan? Fuera de bromas, todo empezó...

Nunca me ha gustado salir temprano los días domingo, no sé porqué pero siempre ha sido así. Sin importar a dónde tenga que ir, nunca lo hago temprano en domingo y no es que me levante tarde, no. Para mi desgracia, me fascina el lema "a quien madruga, Dios lo ayuda", siempre me he levantado temprano sea el día que sea, desde que tengo memoria siempre ha sido así y, no me quejo, siempre me ha ido bien.

Bueno, por lo general hago las comprar los sábados, así tengo libres los domingos; pero no sé qué pasó esa semana que no pude hacerlas y sólo me quedaba el domingo para ir a comprar. Supuestamente, un familiar me iba a acompañar; pero como se dieron las cosas, ese día no quiso levantarse temprano y como a mí no me gusta esperar, decidí ir sola, total ¿qué me podía pasar? Y aquí tenemos la mentalidad del peatón desprevenido.

Decidida a no esperar, porque en realidad ya era tarde, fui de compras sola. Después de todo, en domingo no hay casi nada de tráfico. No tengo auto, ¿la razón? Soy una persona que le gusta la velocidad, siempre (en simuladores para estrellando los autos porque no me gusta usar el freno) y sé que de tener un auto de seguro lo chocaría el primer día; así que prefiero ahorrarme las molestias y no tener uno. Así que o bien me limito a caminar, a tomar taxi o a ir en autobus.

Ese día en particular, siendo domingo, decidí caminar (un poco de aire fresco no le hace mal a nadie). Me gusta respetar las normas de tránsito, ya saben cruzar por las esquinas, esperar que los autos se detengan en el semáforo para cruzar, no pisar el cesped, caminar por la acera o caminos señalados, en fin, soy una buena peatón. Ese día no fue la excepción. A pesar de que la calle estaba vacía, crucé por la esquina una calle, luego caminé un poco y crucé la primera pista de la avenida de doble sentido, dividida por un jardín cuyo contorno tiene un murito de unos 20 cms de alto y que en medio (para que pase la gente) hay un camino hecho con bloques de cemento que se alzan sobre el grass a la misma altura que el muro.

Justo cuando subía al camino de bloques de cemento, escucho un ruido bien fuerte, como si reventaran algo. Al voltear a mi izquierda, veo que un auto (aparecido de la nada) rompía el pequeño murito que rodea el jardín y se metía a éste totalmente fuera de control.

A pesar de que este jardín central cuenta con árboles, incluido un gran eucalipto unos metros antes del camino de bloques, en ese momento no vi nada más que el auto que se me venía a toda velocidad.

Lo que a continuación voy a relatar pasó en una fracción de segundos:

¿En qué piensa uno cuando está en una situación de peligro? Pues, lo primero es correr, esacapar, ¿verdad? Y eso hice, desafortunadamente el auto dio tal giro que parecía que me estaba siguiendo, mismo película de acción.

En ese instante, el tiempo pareció congelarse y correr como en cámara lenta. Había oido hablar de eso, incluso después del accidente lo escuché de una chica que volaba avionetas; pero jamás creí que fuera cierto; pero lo es. El tiempo se detiene, es como si tu mente trabajara a mil por hora y congelara todo, permitiéndote ver las opciones que tienes para actuar antes del inminente impacto.

Mi mente, más clara de lo que jamás pudo estar en mi vida, vio las opciones que tenía. El auto se venía hacia mí, de eso no había duda; practicamente estaba encima mio. Si bajaba de aquel camino de bloques y corría por el jardín, era un hecho que el auto me iba a agarrar por atrás y quizá los bloques de cemento me destrozarían las piernas, si seguía corriendo hacia adelante, con el auto viniendo por mi izquierda, el impacto me iba a lanzar sobre el auto partiéndome no solo la pierna (por la posición del impacto) sino la cadera, haciendo que mi cabeza se estrellara sobre el parabrisas; si optaba, muy a pesar mio tratar de correr a toda costa ya sea hacia adelante o atrás y salir del camino hacia las pistas, corría el riesgo de que algún auto que pasara me atropellara quizá hasta peor que el que se me venía. Entonces, ¿qué hacer?

Ante el inminente impacto, opté por la única opción que me pareció viable y lógica (aunque ahora pueda parecer una locura). Dedicí detenerme y encarar al auto, para en el ultimo segundo saltar hacia uno u otro lado. En lo que pensé fue en esto, si el carro me agarra de frente, las articulaciones de mis piernas se doblarán de forma natural hacia atrás, al igual que mi cuerpo; lo que no sucedería si el auto me impacta de lado o de espaldas. Para mí, en ese momento, era lo más lógico.

He oído, y de seguro también muchos de ustedes, que cuando uno está frente a la muerte siente como toda su vida pasa delante de sus ojos. ¿Eso me pasó a mí? Pues la verdad que no, quizá porque en ese momento no pensé que iba a morir, nunca lo pensé, no hasta después cuando estuve en el hospital.

Teniéndo el auto a escasos centímetros, decidí impulsarme y arrojarme hacia un lado.

Seguro que también han leido que en algunos accidentes de tránsito, cuando el conductor va borracho, es el único que se salva. ¿Y esto por qué? Pues porque su cuerpo está totalmente relajado y no rígido por la tensión del impacto que hace precisamente que se rompan los huesos y demás.

Así que, en el momento en que me impulsé en el aire, liberé mi cuerpo, tratándo de que estuviera lo más relajado posible, como el de una marioneta. Lo siguiente que recuerdo es que todo se puso blanco, no había sonido, ni oscuridad, ni gente ni nada. El tiempo parecía no existir. Era como si una sábana blanca lo cubriera todo.

Cuando abrí los ojos, todo pareció volver a la normalidad aunque el sonido a mi alrededor parecía apagado. Me dí cuenta que estaba echada de cúbito ventral, tenía ambas manos a la altura de mis hombros (como cuando uno hace planchas), al parecer mis brazos sirvieron como amortiguadores para que no me golpeara la cabeza. Cuando alcé la mirada hacia adelante, vi el parachoques destrozado del auto a escasos 15 cms de mi cabeza.

Curiosamente, a mis oidos llegó una voz.

"Estás bien"

En ese momento, lentamente me puse de pie. El auto, delante mio, tenía toda la parte frontal destrozada, por un lado estaba botando aceite, el conductor tenía la cara pálida y aún estaba aterrado por el impacto.

"Estás bien"

"Sí, estoy bien", dije ya de pie y el sonido apareció de golpe. Las aves, el tránsito, gente que gritaba a lo lejos, todo reapareció de golpe. Fue ahí que sentí el dolor en mi pierna izquierda, en la parte baja de la tibia, al alzarme el pantalón, veo con sorpresa una pequeña herida sangrante. Así que decidí alejarme un poco de la zona del accidente y buscar un sitio seguro donde sentarme y revisar mejor la herida.

En cuestión de segundos, una multitud de gente apareció. Francamente no sé de dónde salió tanto chismoso. Aunque luego de ese choque debía estar asustada y temblando, lo que me causó más miedo fue ver a tanta gente a mi alrededor. Inmediatamente me puse de pie y quise irme, total, mi casa estaba cerca. Desafortunadamente, mi pierna no pensaba igual, el dolor había aumentado y la heridita que vi ahora se había inchado terriblemente.

 

LA POLICIA Y EL SEGURO

Luego de llamar a un familiar para que viniera por mí, llegó la policía. Resulta que el sujeto que conducía el auto que me atropelló se había dado a la fuga. De haber podido, les juro que hubiera tomado un taxi y me hubiese ido sola a una clínica; pero la policía tenía que hacer preguntas y, al parecer, toda esa multitud de gente a mi alrededor estaba dispuesta a contar su propia versión de los hechos.

Para mi desgracia, al ser la "victima", tenía que dar mi declaración, afortunadamente llegó mi familia y, decidí apurar la cosa y pedirles que me llevaran a un hospital de inmediato. No temía por una fractura, aunque la idea pasó por mi mente, pero una fisura era probable o ruptura de ligamentos, o algo similar.

¿Sabían ustedes que la policía recibe comisión por llevar heridos en un accidente a los hospitales o clínicas? Yo no, recién me enteré en ese momento; pero no tenía la intención de que me llevaran a ningún lugar lejano o desconocido. Afortunadamente tengo seguro, y aunque en caso de accidentes el que ocasiona el accidente corre con los gantos, decidi no arriesgarme y usar mi propio seguro.

En cuestión de minutos, los policías me llevaron en su 4x4 a la clínica para que me atiendan. Debo agradecerle a esos dos oficiales por el viaje, fueron muy amables.

Mientras recorría los pasillos de la sala de emergencias en silla de ruedas, y me dejaban esperando en uno de los tópicos, todo lo sucedido vino de golpe a mi mente.

En el momento en que me impulsé en el aire, el auto golpeó los bloques de cemento, partiendo uno y alzando otro, éste último fue el que me propulsó aún más, pero a su vez impactó en mi pierna izquierda. Al momento de elevarme solté mis músculos y mi cuerpo no recibió directamente el impacto del auto. Pero claro, como todo lo que sube tiene que bajar, fue cuando cai que mi pierna se dio una vez más contra uno de los bloques de cemento ya roto. Y para que tengan idea de lo que pesaban esos bloques les diré que al día siguiente la municipalidad mandó a su personal para que arreglaran el caminito, y sólo para levantar un bloque tuvieron que hacerlo entre seis personas.

Volviendo a la clínica, luego de los exámenes preliminares, y de las preguntas de los policías sobre lo sucedido, pude dar un respiro mientras esperaba mi turno para que me sacaran las radiografías respectivas. Y vaya como me las sacaron, parecía una sesión fotográfica de esas que se ven en Amenrican Next Top Model, no se imaginan lo que tuve que contorcionarme para que me sacaran las placas, pues al no poder mover la pierna todo movimiento se hacía dificil y doloroso.

Después de reirme un poco de los malabares sobre la mesa de radiografía, siguió otro paseo rumbo a traumatología.

De camino me enteré que como el auto no era de quien conducía, el SOAT no iba a cubrir los gastos médicos porque, además, el carro ni me tocó. Claro, imagínense ustedes eso, si alguien te atropella el auto tiene que tocarte para que el seguro pague porque sino "ya fuiste". En pocas palabras, si un auto choca contra tu casa y tienes la mala suerte de que te caiga una pared encima, el seguro del auto no paga nada porque el auto no te tocó sino la pared. ¡De Ripley! ¿Y que pasa con la cantidad de gente que no cuenta con un seguro propio?, ¿cómo van a afrontar los gastos? Realmente increible.

En fin, regresando a Traumatología, el doctor debió verme un tanto decaida pues para animarme me contó algo que me sorprendió mas de lo que ya estaba. ¿Qué creen que me contó? Pues que una pequeña niña en andador se había venido abajo desde un tercer piso. Imaginen, ante eso, lo mio no era nada.

Fue cuando el doctor me dijo que tenía suerte de no haber muerto y que de seguro tenía un ángel guardían cuidándome las espaldas que me di cuenta de la gravedad de la situación de la que había sido víctima. En efecto tuve suerte de haber actuado rápido y tomado la decisión correcta, lo que me hizo terminar únicamente con unos cuantos raspones en codo y rodillas, asi como una pequeña herida de unos 2cms en la parte baja de la tibia y la inflamación correspondiente por el golpe.

Desafortunadamente, aunque no había más daño visible, el doctor recomendó una férula en toda la pierna, así que terminé en silla de ruedas y con la pata tieza.

 

PRESTE SU DECLARACIÓN

Dos días después, y aún sin terminar de acostumbrarme a la idea de andar con una pierna enyesada, tuve que acudir a la comisaría a prestar mi declaración sobre el accidente.

Ahí me enteré que habían logrado atrapar al sujeto que conducía el auto, resulta que éste señor estaba ebrio a más no poder y el auto ni siquiera era suyo, según me dijeron "lo habia tomado prestado" y ni siquiera tenía brevete. ¿Pueden creer eso?

Bueno, nunca me habían interrogado en mi vida, y para ser la primera vez, lo hice muy bien...

-¿Desea un abogado?
-No gracias, ya almorcé
-Dé su nombre completo, dirección y documento de identidad
-.....
-Digame que sucedió la mañana del día tal a tal hora

Bueno, el "cuento" ya me lo sabía de memoria, pues lo había contado más de 20 veces.

-¿Tiene alguna lesión a raíz del accidente?

En ese momento no pude evitar reirme, tenía una férula en toda la pierna ¿y el oficial me hacía esa pregunta? Golpeando el yeso con el bastón y sonriendo de oreja a oreja le respondí...

-¿Usted que cree?

Debo admitir que el oficial también tenía sentido del humor pues se rio conmigo de la situación. Claro, él tenía que leer un cuestionario que se hace a todos los que participan en un accidente, aunque vea que la persona esta coja, golpeada o medio moribunda tiene que hacer esas preguntas. Y así, luego de tratar de descifrar la letra del doctor de emergencia sobre mi diagnóstico, terminó el interrogatorio después de cerca de una hora.

¿Y qué pasó con el conductor? ¿Le hicieron algo? ¿Lo encarcelaron? La verdad, de lo cual me enteré después, fue que luego de capturarlo, lo llevaron a la comisaría donde estuvo un día mientras se esclarecía el asunto del auto, luego lo soltaron sin más ni más. ¿Pueden creerlo?

 

MORALEJA

Hay varias...

1. Si caminan por la calle, preferible no se pongan audífonos, présten atención al 100% a todo lo que los rodea, un ruido les puede salvar la vida.

2. Piensen antes de actuar, deben agotar las posibilidades antes de tomar una decisión.

3. Asegurense, en caso de algún tipo de accidente no esperen que el que lo provocó corra con los gastos. Siempre es bueno tener un seguro en caso de emergencia o acabaran hospitalizados y endeudados.

4. No se fien de la gente que dice que les va a prestar ayuda, a veces no lo hacen con buena intención o quieren sacar provecho de ello.

5. Respeten las normas de tránsito y caminen por las zonas señaladas, eso los puede salvar de accidentes.

6. Y si tienes auto, NO MANEJES EBRIO.

Por lo demás, sigan disfrutando de la vida y sean siempre positivos y responsables. Tampoco hay que quedar traumatizado por un accidente porque eso simplemente te mataría en vida.

 

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